• Giovanna Ciarmatori

¿Propaganda política venenosa? Existía ya en la antigua Pompei

Nada nuevo bajo el sol, la propaganda política venenosa la heredamos. Mirá lo que pasaba en la antigua Pompei.

Versión en italiano

Aquel fue uno del los evento más dramáticos y destructivos de la historia antigua, pero, por otro lado, es ahora una de las riquezas más valiosas, porque nos da la posibilidad de documentar la vida en el antiguo imperio romano tal como era es su cotidianidad: el polvo del Vesuvio sepultó y dejó invariados por siglos y siglos todo tipo de objetos, accesorios de la vida cotidiana, instrumentación, y hasta alimentos que constituían la vida en aquellos tiempos.


Un mensaje electoral escrito en la pared de un edificio de la antigua Pompei

Mensajes en las paredes

En las calles de Pompei está el testimonio de la forma en qué los antiguos usaban las paredes para dejar mensajes: algunos escribían frases de protección para sí mismos y sus viviendas, otros daban publicidad para sus actividades, otros confiaban sus penas de amor.

Y, además, había los mensajes de propaganda política por las elecciones, donde los candidatos intentaban capturar el favor de los votantes y desacreditar a los demás.


Hay una escrita muy divertida de un hombre que, cansado de ver un montón de mensajes en las paredes de la ciudad, escribe a su vez, en latín, una frase que traducida suena: “Me asombro, pared, que no te hayas todavía derrumbado debajo del peso de las tonterías de tantos escritores de mala muerte”.


Un lugar único al mundo

Desde que la ciudad sepultada fue descubierta en el 1748, se han recogido informaciones imposibles de encontrar en cualquier otro lugar del mundo, sobre cómo trabajaban los artistas y los artesanos, cómo la ciudad estaba organizada en zonas, cómo las personas habían intentado salvarse de la tragedia y cómo habían muerto.

Algunas escenas son conmovedoras, otras escalofriantes. Pero, sobre todo, se han quedado los mensajes escritos que en ningún otro lugar habían permanecido intactos.


Los programas electorales

Ya hace 2000 años los candidatos apelaban a la publicidad en las paredes de las ciudades, llamadas en latín programmata, es decir ‘programas’. Buscaban, exactamente como los políticos de hoy en día, aparecer buenos y fiables. En los carteles se leen descripciones como vir bonus et egregius, “hombre bueno y egregio”, dignissimus, “dignísimo”, innocens, “inocente” ecc.


A veces se subrayaba el hecho que el candidato había organizado espectáculos, o había preservado el dinero público o hasta prometía la benevolencia divina.

Algunas inscripciones resultan muy curiosas, casi cómicas, como la que reza a la letra: “Vótalo, ya que durante su anterior mandato no murió ni un burro”.
Un programa electoral en una calle de Pompei

¿Cuánto eran correctos los políticos antiguos?

Se encontraron 2800 carteles electorales, y ninguno de ellos presentaba palabras vulgares. Solo imprecaciones y maldiciones contra quien pudiera borrar la inscripción, por ejemplo: “envidioso que borras (el cartel), que te parta un rayo” o también “que puedas enfermarte”.

Pero sí es bien presente el uso de la ironía contra los adversarios.

Algunos carteles presentaban el invito por parte de alguien bien conocido que exhortaba a escoger a su candidato preferido. A veces eran enteras categorías de trabajadores que lo apoyaban. Y por esta misma razón la contra-propaganda podía crear falsos carteles para denigrar a un adversario. En una inscripción, por ejemplo, se lee: “los rateros piden que sea elegido XX”.


En otras se afirma que todos los borrachos piden la elección de un tal, o los ladrones, o las prostitutas y así por el estilo, nombrando a todas las profesiones tenidas como infamantes.


En fin, entre los intentos de presentarse como merecedores de confianza y de desprestigiar a los demás, no hay mucha diferencia, quizás ninguna, entre lo que pasaba hace casi 2000 años en Pompei y en todo el imperio romano, y lo que pasa con la propaganda política en el mundo actual: siempre somos los mismos.

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