Aldo Moro: vita, pensiero e tragedia di uno statista negli Anni di piombo
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- 23 dic 2025
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La trayectoria humana y política de Aldo Moro se sitúa en el cruce entre la construcción democrática y la crisis sistémica del Estado republicano. Su biografía no puede separarse del contexto histórico en el que actuó: una Italia atravesada por profundas transformaciones sociales y, en los años setenta, desgarrada por la violencia política de los Años de plomo. Moro no fue únicamente una víctima de aquel período, sino uno de los pocos líderes capaces de comprender su complejidad estructural.
Formación jurídica y visión del Estado
Nacido en Maglie en 1916, Aldo Moro se formó como jurista y docente universitario de derecho penal. Su enfoque del derecho estuvo siempre marcado por una concepción personalista: la norma jurídica, según Moro, debía estar al servicio de la persona y no constituir un instrumento abstracto de dominación. Esta orientación derivaba del catolicismo democrático madurado en la FUCI, donde elaboró una visión ética de la política basada en la responsabilidad y en la escucha de las diferencias.
De la Constituyente al liderazgo democristiano
Elegido para la Asamblea Constituyente, Moro contribuyó a la redacción de la Constitución republicana, en particular a la definición del equilibrio entre derechos individuales y función social del Estado. Dentro de la Democracia Cristiana se convirtió progresivamente en una figura central, distinguiéndose por un estilo político reflexivo, alejado del decisionismo autoritario y orientado a la mediación institucional.
El centroizquierda como respuesta al cambio social
En los años sesenta, como Presidente del Consejo, Moro promovió la apertura hacia los socialistas, dando origen a los gobiernos de centroizquierda. Esta elección respondía a la necesidad de integrar las nuevas demandas sociales surgidas del boom económico y de los movimientos de masas. Reformas como la escuela media unificada y la expansión del Estado de bienestar fueron el resultado de una estrategia destinada a evitar fracturas irreversibles en el tejido democrático.
Los Años de plomo: crisis del Estado y violencia política
En los años setenta Italia entró en una fase de profunda inestabilidad. La crisis económica, la radicalización ideológica y la desconfianza en las instituciones alimentaron el terrorismo de extrema izquierda y de extrema derecha. Las Brigadas Rojas interpretaron esta etapa como una “guerra revolucionaria” contra el Estado, atacando a magistrados, fuerzas del orden, periodistas y dirigentes políticos.
Moro comprendió que el terrorismo no era solo un fenómeno criminal, sino el síntoma de una crisis más amplia de representación y legitimidad. Por ello consideró necesario ampliar el área democrática, restando terreno a la subversión armada.
El compromiso histórico de Aldo Moro
En este contexto maduró la estrategia del diálogo con el Partido Comunista Italiano, conocida como compromiso histórico. Moro consideraba que la exclusión permanente del PCI era un factor de inestabilidad y creía que su progresiva asunción de responsabilidades institucionales podía fortalecer la democracia. Esta línea, aun respetando los equilibrios internacionales de la Guerra Fría, suscitó fuertes resistencias internas y externas.
El secuestro y el asesinato
El 16 de marzo de 1978, día en que el nuevo gobierno apoyado también por el PCI debía obtener la confianza parlamentaria, Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas; los cinco hombres de su escolta fueron asesinados. Durante los 55 días de cautiverio, Moro escribió cartas que revelan un lúcido análisis político y una profunda soledad institucional. La negativa del Estado a negociar selló el desenlace final: el 9 de mayo de 1978 Moro fue asesinado.

Legado histórico
La muerte de Aldo Moro representó un punto de inflexión en los Años de plomo y en la historia republicana. Su figura permanece como símbolo de una política que intenta gobernar la complejidad sin reducirla al uso de la fuerza. Moro encarnó la idea de que la democracia solo sobrevive si es capaz de incluir, comprender y transformar el conflicto en responsabilidad institucional.



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