La Mafia e lo Stato Italiano: un Dialogo Segreto o un Mito Comodo?
- Il ValRadicante Il giornale italiano online

- 30 dic 2025
- 3 Min. de lectura
En el vasto teatro de la historia italiana, pocas cuestiones despiertan un estremecimiento tan inmediato y visceral como el presunto entramado entre mafia y Estado. Es una herida aún abierta, pero también una imagen poderosa, casi mitológica, que ha moldeado el imaginario colectivo durante décadas.Y, sin embargo, la pregunta persiste, inquietante y obstinada: ¿la mafia se ha anidado dentro del Estado, o se trata solo de una hipérbole útil, un atajo narrativo para explicar complejidades más profundas?
La respuesta no es simple. Y quizá, precisamente en esta dificultad, se oculte su verdad más provocadora.
Las raíces oscuras: cuando la historia deja de ser neutral
A pesar de las defensas institucionales y de la retórica de la legalidad, la historia italiana muestra episodios en los que la mafia no permaneció al margen de la escena pública, sino que se infiltró en ella sigilosamente .No mediante golpes de Estado ni invasiones revolucionarias, sino con la delicadeza insinuante de las relaciones informales, de los favores, de los intercambios subterráneos.
Durante la posguerra —un momento crucial de reconstrucción política— la frágil democracia italiana se apoyó en ocasiones en poderes locales ya profundamente arraigados en el territorio. Entre ellos, los jefes mafiosos: hombres capaces de garantizar orden, consenso electoral y control social.Una elección nunca declarada, pero a menudo tolerada, que hoy aparece como una paradoja: para defender al Estado, el propio Estado se plegó parcialmente a las lógicas de la mafia.
El pacto inconfesable: la temporada de los procesos y de las revelaciones sobre la mafia y el Estado
En los años ochenta y noventa, la irrupción de la verdad fue devastadora.Las palabras de los colaboradores de justicia, las investigaciones judiciales y las sentencias del maxiproceso trazaron un panorama inequívoco: la mafia dialogaba con sectores del Estado, obteniendo contratos públicos, protecciones, información y ventajas estratégicas.
El punto culminante de esta ambigüedad se alcanzó con la llamada “negociación Estado–mafia”, un capítulo que aún hoy divide a historiadores y magistrados. No se trató de una rendición total del Estado, sino de contactos reales y concretos, nacidos del intento desesperado de detener las masacres de 1992–93.Este episodio, aun con resultados judiciales discutidos, demuestra una verdad incómoda: cuando el poder está bajo presión, sus fronteras pueden volverse sorprendentemente elásticas.
Las zonas de sombra: lo que inquieta más que la verdad
Junto a los hechos históricos existe un área gris que alimenta dudas y sospechas: encubrimientos, protecciones inexplicables, investigaciones obstaculizadas, personajes desaparecidos sin dejar rastro, expedientes manipulados.Italia es un país donde lo no dicho pesa tanto como lo dicho, y donde los espacios vacíos entre los documentos suelen tener más fuerza que las páginas escritas.
Es en estos territorios opacos donde nace la idea —provocadora pero extendida— de que el Estado no es simplemente víctima de la mafia, sino a veces su socio funcional, al menos para ciertos sectores o figuras clave .Es una interpretación que atrae, inquieta y seduce. Pero también es una interpretación que confunde planos distintos: el comportamiento de individuos concretos y la identidad global del Estado.
El mito del Estado mafioso: seductor, pero engañoso
Durante décadas, el cine, la literatura, el periodismo y la retórica política han contribuido a construir el arquetipo del “Estado mafioso”: una imagen total, extrema, irresistible por su fuerza narrativa. Pero, como todo mito poderoso, también este corre el riesgo de deformar la realidad.
Decir que el Estado es mafioso significa ignorar que precisamente el Estado —el auténtico, el que no hace ruido— ha sido el principal dique de contención contra la mafia.Han sido magistrados, policías, periodistas y ciudadanos comunes quienes han pagado con su vida la defensa de las instituciones. Han sido ellos quienes demostraron que la mafia, aunque haya penetrado en algunas grietas del sistema, nunca conquistó el edificio entero.
El mito es cómodo porque simplifica. La historia, en cambio, es incómoda porque obliga a distinguir, a pensar, a no ceder al encanto de las narraciones totalizadoras.

La mafia: una verdad que no tranquiliza, pero ilumina
La pregunta “¿la mafia está en el Estado?” no admite respuestas maniqueas.
La mafia no se identifica con el Estado, pero ha encontrado brechas, complicidades y alianzas temporales. El Estado no es mafioso, pero contiene en su interior a individuos que han actuado según lógicas mafiosas.El mito del Estado mafioso resulta fascinante, pero termina por oscurecer la complejidad real, hecha de conflictos, resistencias, compromisos y sacrificios.
La verdad es provocadora precisamente porque no tranquiliza: mafia y Estado no son enemigos absolutos ni aliados estables. Son dos poderes que, a lo largo de la historia italiana, se han rozado, entrelazado, combatido y utilizado mutuamente, dejando una huella profunda en la conciencia cívica del país.



Comentarios