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Víctor Manuel II y la construcción del Estado nacional italiano

Monarquía, legitimidad y pragmatismo político en el Risorgimento

La figura de Víctor Manuel II ocupa una posición cardinal en la historia del Risorgimento italiano y en la génesis del Estado unitario. Primer rey de Italia, representó no tanto al ideólogo de la unificación como a su garante institucional, encarnando una síntesis peculiar entre tradición monárquica y modernidad constitucional. Su acción política se sitúa en la intersección entre diplomacia internacional, conflicto armado y mediación simbólica, elementos que contribuyeron a transformar un proyecto fragmentario en una realidad estatal plenamente constituida.


De la crisis dinástica a la continuidad constitucional

Ascendido al trono en 1849, tras la abdicación de su padre Carlos Alberto luego de la derrota de Novara, Víctor Manuel II heredó un reino militarmente vencido y políticamente aislado. En este contexto, la decisión de mantener el Estatuto Albertino asumió un valor que trascendía la mera continuidad jurídica. Marcó la afirmación de un modelo de monarquía constitucional capaz de presentarse como alternativa creíble tanto al absolutismo como al radicalismo republicano. Esta elección constituyó uno de los presupuestos fundamentales que permitieron al Reino de Cerdeña erigirse como núcleo aglutinador del proceso unitario.


La relación entre Víctor Manuel II y Cavour y la estrategia internacional

La alianza política con Camillo Benso de Cavour representó uno de los ejes centrales del reinado de Víctor Manuel II. Si Cavour fue el arquitecto de la estrategia diplomática e institucional, el soberano actuó como su garante último, otorgando legitimidad dinástica a un proyecto de profunda transformación geopolítica. La inserción de la cuestión italiana en el contexto europeo, sancionada por la participación en la guerra de Crimea y por la alianza con la Francia de Napoleón III, demuestra cómo la unificación no fue el resultado de un movimiento exclusivamente interno, sino el fruto de un hábil aprovechamiento de los equilibrios internacionales.


Monarquía y movilización nacional

Uno de los aspectos más complejos del papel de Víctor Manuel II fue su relación con los sectores populares y revolucionarios del Risorgimento. La colaboración, a menudo ambigua, con Giuseppe Garibaldi y con el movimiento democrático pone de manifiesto la capacidad del soberano para adaptarse a contextos políticos heterogéneos. El célebre encuentro de Teano de 1860 asumió un valor altamente simbólico: no solo sancionó el traspaso de los territorios conquistados por Garibaldi a la monarquía saboyana, sino que representó la subordinación de la acción revolucionaria a un marco estatal reconocido en el plano internacional.


La proclamación del Reino de Italia

La proclamación del Reino de Italia en 1861 marcó un giro histórico de alcance epocal. La decisión de conservar el título de Víctor Manuel II, en lugar de asumir el de primer soberano de la nueva entidad estatal, no estuvo exenta de significado político. Reafirmaba la continuidad dinástica e institucional del poder saboyano, reforzando la idea de un Estado unitario fundado sobre una legitimidad preexistente, más que sobre una ruptura revolucionaria. Sin embargo, la unificación formal no coincidió con una verdadera integración social y territorial del país.


Las dificultades del Estado unitario

El reinado de Víctor Manuel II estuvo marcado por profundas contradicciones. El brigantaje en el Mezzogiorno, las desigualdades económicas entre el Norte y el Sur, la fragilidad de las estructuras administrativas y la cuestión de las relaciones con la Iglesia católica pusieron de relieve los límites de un proceso de unificación llevado a cabo predominantemente desde arriba. La falta de conciliación con el Papado, agravada por la toma de Roma en 1870, evidenció el carácter incompleto de la construcción nacional, abriendo una fractura destinada a influir durante largo tiempo en la historia política italiana.


Roma capital y la memoria del soberano

Con la proclamación de Roma como capital, la unidad territorial del Estado italiano pudo considerarse finalmente concluida. Víctor Manuel II falleció en 1878, dejando una herencia compleja y ambivalente. Su sepultura en el Panteón, lugar cargado de simbolismo cívico y nacional, contribuyó a consolidar su imagen de “Padre de la Patria”. No obstante, la memoria histórica del soberano ha sido objeto de reinterpretaciones críticas, oscilando entre la celebración patriótica y el análisis problemático de su papel.


Victor Emanuele  2

Víctor Manuel II no fue un visionario ni un reformador radical, sino un soberano profundamente inserto en las lógicas de su tiempo. Su grandeza histórica reside en la capacidad de actuar como punto de convergencia entre instancias diversas y a menudo contrapuestas, transformando una pluralidad de aspiraciones en un proyecto estatal unitario. En este sentido, su figura sigue siendo imprescindible para comprender no solo las dinámicas del Risorgimento, sino también las tensiones originarias que acompañaron el nacimiento del Estado italiano moderno.

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