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La Fiesta de los Deshollinadores spazzacamini)de Santa Maria Maggiore: memoria, identidad y tradición viva entre los Alpes piamonteses

En el corazón de los Alpes piamonteses, entre los valles silenciosos y los bosques impregnados del aroma a resina del Valle Vigezzo, se encuentra Santa Maria Maggiore, un pequeño pueblo que cada año, durante el primer fin de semana de septiembre, se transforma en el escenario de una de las celebraciones más auténticas y conmovedoras del patrimonio cultural italiano: la Fiesta de los Deshollinadores. Este evento, hoy de alcance internacional, hunde sus raíces en la historia social de la región y en la memoria colectiva de un oficio que, desde hace siglos, representa la dignidad del trabajo y la resiliencia humana.



Los orígenes: el oficio y la memoria de los deshollinadores

La figura del deshollinador forma parte esencial de la tradición alpina. Desde el siglo XVII, muchos hombres —y a menudo niños— abandonaban sus hogares en los valles del Verbano y del Ticino para buscar fortuna en otros lugares, ofreciendo sus servicios de limpieza de chimeneas en las ciudades del norte de Italia y de Europa central. Estos jóvenes, conocidos como pequeños deshollinadores, eran con frecuencia víctimas de explotación y privaciones, pero también simbolizaban una forma de supervivencia para las familias pobres de montaña.

Con el paso de los siglos, la figura del deshollinador adquirió un valor simbólico, convirtiéndose en emblema de humildad, sacrificio y tenacidad. En la década de 1980, gracias a la iniciativa de algunas asociaciones culturales locales y del Museo del Deshollinador de Santa Maria Maggiore, nació la idea de instituir una fiesta dedicada a ellos. El objetivo era doble: honrar la memoria de aquellos trabajadores olvidados y preservar la tradición artesanal y social que los había convertido en protagonistas de toda una época.


Una fiesta que une al mundo

Hoy, más de cuarenta años después de su primera edición, la Fiesta de los Deshollinadores se ha convertido en un verdadero encuentro mundial, con la participación de cientos de deshollinadores provenientes de todos los rincones del planeta: Suiza, Austria, Alemania, Finlandia, Inglaterra e incluso Japón. La atmósfera que se respira durante esos tres días es a la vez alegre y emotiva. Las calles empedradas del pueblo se llenan de sonidos, cantos, trajes negros cubiertos de hollín y altos sombreros: símbolos de un oficio antiguo que revive gracias a la memoria compartida.

El momento más esperado es el gran desfile internacional, en el que los participantes, acompañados por bandas folclóricas y danzas populares, recorren las calles del casco histórico entre aplausos y emoción. Pero la fiesta no se reduce a una simple recreación folclórica: representa un rito identitario, un encuentro intergeneracional en el que la tradición se transmite, viva y palpitante, a las nuevas generaciones.

Junto a los eventos principales, se organizan exposiciones fotográficas, proyecciones históricas, talleres educativos para niños y visitas guiadas al Museo del Deshollinador, que relata, a través de herramientas originales, testimonios y documentos, la dureza y la nobleza de este oficio. Especialmente conmovedora es la Misa en recuerdo de los pequeños deshollinadores, celebrada en la iglesia parroquial: un momento de silencio y reflexión dedicado a quienes, en su juventud, conocieron el cansancio y la lejanía del hogar.


La fiesta de los Deshollinadores hoy: entre tradición y turismo consciente

En 2025, la Fiesta de los Deshollinadores conserva intacta su autenticidad, aunque ha adquirido una dimensión más amplia, capaz de atraer visitantes de toda Europa. El evento es un ejemplo de turismo cultural sostenible, que combina la valorización de las raíces locales con la promoción del territorio. Santa Maria Maggiore, con su arquitectura alpina, sus talleres artesanales y su atmósfera suspendida en el tiempo, se convierte durante unos días en un cruce de culturas, lenguas y emociones compartidas.


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Consejos para quienes deseen participar

Quienes deseen asistir a la Fiesta de los Deshollinadores en 2025 deben tener en cuenta algunos aspectos prácticos y culturales. La afluencia es muy alta, por lo que se recomienda reservar alojamiento con antelación en el pueblo o en localidades cercanas, como Malesco o Druogno. El sábado está dedicado a las actividades culturales y talleres, mientras que el domingo por la mañana tiene lugar el célebre desfile: conviene llegar temprano para asegurarse un buen lugar de observación a lo largo del recorrido principal.

Para vivir plenamente la experiencia, se recomienda visitar el Museo del Deshollinador, ubicado en un antiguo edificio del centro, y degustar los productos típicos del Valle Vigezzo, como los quesos de montaña, la miel y los embutidos artesanales. Los organizadores invitan a los visitantes a participar con respeto y curiosidad, recordando que la fiesta no es solo un espectáculo, sino ante todo un acto de memoria y gratitud hacia quienes hicieron del esfuerzo un símbolo de dignidad.

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