top of page
Recibe GRTATIS ONLINE el diario italiano bilingüe

Tu solicitud ha sido enviada!

Taranto – El tiempo que se detiene: la Pascua

En Taranto, la Pascua no es una fecha en el calendario: es una suspensión del tiempo. Es el momento en que la ciudad deja a un lado el ruido de lo cotidiano y vuelve a entrar en sí misma, siguiendo un ritmo antiguo, casi litúrgico, que hunde sus raíces en la memoria colectiva. Aquí, más que en ningún otro lugar, lo sagrado no se observa: se atraviesa.



Taranto, la ciudad que desacelera

Con la llegada de la Semana Santa, Tarento cambia de paso. Las calles se vuelven más silenciosas, los gestos más contenidos, las miradas más intensas. Es como si la ciudad entera se dispusiera a escuchar. El aire del casco antiguo, cargado de salitre e incienso, parece retener los pasos, mientras las iglesias se preparan para custodiar un relato que se renueva desde hace siglos.

La Pascua tarantina no irrumpe de manera repentina: es una espera larga, casi dolorosa. Un tiempo dilatado que culmina en la noche y en el día en que el sufrimiento se transforma en esperanza.


Los Perdoni y el paso de la penitencia

El corazón simbólico de este tiempo suspendido es el rito de los Perdoni, cofrades encapuchados que, en parejas, recorren lentamente las calles de la ciudad vieja. Su andar oscilante, conocido como nazzicata, no es solo una forma de caminar: es una oración en movimiento, un lenguaje del cuerpo que traduce la penitencia en gesto.

Cada paso es medido, cada detención está cargada de significado. El silencio que acompaña la procesión no es vacío, sino densísimo: está hecho de respeto, de memoria, de una fe que no necesita estridencias. En esos momentos, Tarento parece detenerse de verdad, como si el tiempo civil cediera su lugar a un tiempo más profundo, casi arcaico.


El dolor puesto en escena

El Viernes Santo representa el punto de máxima tensión emocional. La procesión de los Misterios atraviesa la noche tarantina como un largo relato visual de la Pasión. Las estatuas, iluminadas por luces temblorosas, no son simples simulacros: son presencias. Los rostros esculpidos del Cristo muerto y de la Virgen Dolorosa parecen devolver a la comunidad un dolor compartido, que no pertenece solo al relato evangélico, sino a la propia historia de la ciudad.

Tarento, marcada a lo largo de los siglos por dominaciones, crisis y heridas sociales, reconoce en ese dolor una parte de sí misma. Y precisamente por eso lo expone, lo acompaña, lo transforma en rito.


La noche que prepara la luz

Pero la Pascua tarantina no se agota en el luto. La larga noche del Sábado Santo es un tiempo de paso, de espera silenciosa. Las campanas callan, las iglesias permanecen desnudas y, sin embargo, todo está en preparación. Es el momento más frágil y al mismo tiempo más poderoso: aquel en el que nada está aún resuelto, pero todo es posible.

Cuando finalmente irrumpe la luz de la Resurrección, no lo hace con una euforia ruidosa, sino con una alegría contenida, casi retenida. Es un renacer que conoce el precio del dolor y que, por ello, se percibe más auténtico.


settinama santa a taranto

Una Pascua que es identidad

Contar la Pascua en Tarento significa contar una manera de estar en el mundo. Aquí lo sagrado no está separado de la vida cotidiana, sino que constituye su trama invisible. Las procesiones, los silencios, los ritos no son folclore, sino instrumentos de transmisión cultural, actos a través de los cuales una comunidad continúa reconociéndose a sí misma.

En esos días, Tarento no corre, no consume, no olvida. Recuerda. Y al recordar, se detiene. No para quedarse inmóvil, sino para reencontrar el sentido de su propio camino.


Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page