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Cocullo y el rito de las serpientes: continuidad simbólica entre el mundo arcaico y el cristianismo popular

Una anomalía ritual en el paisaje italiano

En el panorama de las tradiciones religiosas italianas, la Fiesta de San Domenico Abate de Cocullo representa un caso límite, una forma ritual que escapa a las clasificaciones simplistas entre folclore y devoción. Cada año, el 1 de mayo, este pequeño centro del interior de los Abruzos se convierte en el escenario de una celebración que entrelaza serpientes vivas, procesión sagrada y memoria colectiva. El acontecimiento no puede comprenderse si se lo aísla de la larga duración histórica que lo ha producido: Cocullo es el lugar donde la estratificación cultural se manifiesta de manera visible, casi perturbadora.



El contexto territorial e histórico de Cocullo

Cocullo se sitúa en la Marsica, una zona montañosa tradicionalmente caracterizada por el aislamiento geográfico y por una fuerte conservación de las prácticas comunitarias. En este contexto, la ritualidad ha desempeñado durante siglos una función esencial de cohesión social. La fiesta de las serpientes no es, por lo tanto, una excepción exótica, sino el producto coherente de un territorio en el que lo sagrado siempre ha dialogado con la naturaleza y con sus símbolos más ambivalentes.

Las fuentes históricas y antropológicas coinciden en reconocer en esta celebración una herencia de las poblaciones itálicas de los Marsos, célebres en la Antigüedad por sus prácticas mágico-terapéuticas y por una relación privilegiada con el mundo animal. La serpiente, en particular, ocupaba una posición central como emblema de regeneración, protección y saber oculto.


La serpiente como arquetipo simbólico

Desde el punto de vista simbólico, la serpiente es una figura liminal: animal ctónico, reptante, vinculado a la tierra y al ciclo de la muda, encarna al mismo tiempo la vida y la muerte, la curación y el peligro. En muchas culturas mediterráneas, se asocia al renacimiento y al conocimiento, no exclusivamente al mal.

En Cocullo, esta ambivalencia se preserva. La serpiente no es demonizada ni neutralizada: se exhibe, se toca, se acoge en el espacio sagrado. Su presencia sobre la estatua de San Domenico no representa la victoria violenta del santo sobre el mal, sino una forma de control simbólico: el caos natural se integra en el orden ritual.


San Domenico Abate y la cristianización del rito

La figura de San Domenico Abate actúa como un dispositivo de mediación. Según la tradición, el santo es invocado como protector contra las mordeduras de serpientes, la rabia y las enfermedades. Resulta evidente cómo esta función terapéutica facilitó la asimilación de cultos anteriores, permitiendo al cristianismo incorporar prácticas arcaicas sin borrarlas por completo.

La procesión, momento culminante de la fiesta, muestra claramente este compromiso cultural. La estatua del santo, cubierta de serpientes vivas, recorre las calles del pueblo en un silencio cargado de tensión simbólica. No se trata de una espectacularización, sino de un gesto ritual que renueva un pacto colectivo entre comunidad, lo sagrado y la naturaleza.


Los serpari: custodios de un saber no escrito

Elemento central del rito son los llamados serpari, habitantes de Cocullo depositarios de un conocimiento práctico transmitido oralmente. Ellos capturan exclusivamente serpientes no venenosas, las cuidan en los días previos a la fiesta y las liberan inmediatamente después. Esta práctica revela una ética implícita de la relación entre el ser humano y el animal, basada en el equilibrio y el respeto.

Desde una perspectiva antropológica, los serpari encarnan una figura de mediación: no son sacerdotes, pero tampoco simples figurantes. Operan en un espacio intermedio entre el saber empírico, la ritualidad y la responsabilidad comunitaria.


Cocullo Identidad, turismo y riesgo de folklorización

En las últimas décadas, la fiesta de Cocullo ha atraído a un número creciente de visitantes y medios de comunicación, lo que ha suscitado interrogantes sobre la transformación del rito en un evento turístico. Si por un lado la visibilidad contribuye a la supervivencia del pueblo, por otro expone la tradición al riesgo de ser reducida a una curiosidad exótica.

Sin embargo, la fuerza simbólica de la celebración reside precisamente en su resistencia a la simplificación. Para la comunidad local, el rito sigue siendo un acto identitario y no una mera puesta en escena.


San domenico

Una memoria que atraviesa los siglos

Cocullo representa un raro ejemplo de continuidad cultural en el que el pasado no es museificado, sino vivido. La fiesta de las serpientes no es una reliquia del paganismo ni una desviación del cristianismo, sino una forma compleja de síntesis simbólica. En una época de homogeneización cultural, este pequeño pueblo de los Abruzos recuerda que la tradición auténtica no elimina el conflicto, sino que lo hace habitable, transformándolo en memoria compartida.

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