La Giostra della Quintana – La Rivincita: entre memoria histórica y espectáculo contemporáneo
- Agenzia viaggi

- 29 sept 2025
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La Giostra della Quintana – La Rivincita
La Giostra della Quintana, y en particular su edición de septiembre conocida como La Rivincita, representa uno de los ejemplos más significativos de recreación histórica en Italia. No se limita a reproducir un ritual lúdico del pasado, sino que se configura como un auténtico instrumento de mediación cultural, capaz de conectar tradición, identidad ciudadana y atracción turística. Analizar sus orígenes y evolución, así como delinear algunas sugerencias para los visitantes actuales, permite comprender su complejidad y relevancia dentro del panorama del patrimonio inmaterial italiano.
Orígenes históricos de la Giostra
La primera referencia documental de la Giostra della Quintana data del siglo XVII, período en el cual la ciudad de Foligno, en el corazón de Umbría, vivía una etapa de prosperidad económica y de intenso fermento cultural. La giostra nació como un ejercicio caballeresco destinado a poner a prueba la destreza y la disciplina de los nobles caballeros: el objetivo era golpear con la lanza un blanco colocado en el brazo de una estatua que representaba al dios Marte, símbolo de fuerza y de virtud marcial.
El mismo nombre “Quintana” deriva del término latino que designaba la quinta vía del castrum romano, lugar destinado a los entrenamientos militares. Tal referencia subraya el carácter formativo y competitivo del evento, que con el tiempo se transformó en un rito colectivo impregnado de valores simbólicos y de espíritu de rivalidad entre los diferentes barrios de la ciudad. No es casual que, desde su origen, la giostra se organizara en torno a la participación de los rioni, los cuales, a través de sus representantes, competían por conquistar prestigio y supremacía social.
El renacimiento en época contemporánea
Tras siglos de esplendor y un inevitable periodo de declive, la Quintana conoció, a partir del siglo XX, una significativa labor de recuperación. En particular, desde 1946 se volvió a proponer en forma moderna como manifestación histórica organizada, con el objetivo de reforzar el sentido de pertenencia comunitaria y, al mismo tiempo, promover la imagen cultural de la ciudad.
Hoy la Giostra se celebra dos veces al año: la Sfida en el mes de junio, y la Rivincita en septiembre. Esta última edición no es solamente una repetición, sino una ocasión de revancha y de confrontación final, en la cual los rioni que no triunfaron en verano pueden intentar revertir el resultado de la contienda. Tal dualidad entre desafío y revancha acentúa la dimensión narrativa de la fiesta, otorgándole una tensión dramática que involucra tanto a los protagonistas como al público.

Estructura y reglas de la competición
La competición actual conserva la estructura barroca de sus orígenes, aunque adaptada a las exigencias de seguridad y espectacularidad modernas. Diez caballeros, cada uno en representación de un rione, afrontan el llamado Campo de li Giochi, un recorrido en forma de ocho que deben completar en tres vueltas. Durante cada giro, el caballero debe golpear con la lanza un anillo colocado en el brazo de la estatua de Marte: la dificultad aumenta progresivamente, pues el diámetro de los anillos se reduce en cada pasada.
La victoria no depende exclusivamente de la rapidez en el recorrido, sino también de la precisión y de la ausencia de penalizaciones. Cada error, como derribar banderines o fallar en ensartar el anillo, comporta una penalización de tiempo. De ello resulta una prueba de habilidad y sangre fría, en la cual la tradición caballeresca se conjuga con la emoción del deporte moderno.
El contexto festivo
La Quintana, sin embargo, no se agota en la competición ecuestre. Se enriquece con un complejo aparato ritual y celebrativo que involucra a toda la ciudad. Especial relevancia tiene el cortejo histórico, considerado entre los más suntuosos de Italia, en el que desfilan miles de figurantes con trajes barrocos realizados con rigurosa fidelidad filológica. Las calles de Foligno se transforman así en un escenario viviente, donde se recrea la atmósfera del siglo XVII con músicas, abanderados, danzas y escenografías urbanas.
No menos importantes son las tabernas de los rioni, que durante los días de la fiesta ofrecen platos típicos umbros, creando momentos de convivialidad y de encuentro intercultural. La Giostra, en este sentido, se convierte en una experiencia multisensorial, capaz de involucrar no solo la vista y el oído, sino también el gusto y el olfato, en un diálogo continuo entre memoria histórica y vitalidad contemporánea.
Consejos para los visitantes
Para quienes deseen participar en la Rivincita, algunas recomendaciones pueden resultar valiosas:
Programación: es aconsejable consultar el calendario oficial y reservar con antelación entradas y alojamiento, ya que la afluencia turística es considerable.
Vivir los rioni: se recomienda visitar las tabernas, que constituyen el corazón palpitante de la fiesta y permiten entrar en contacto directo con la comunidad local.
Cortejo histórico: no debe pasarse por alto, pues representa una auténtica lección de historia en movimiento, capaz de ofrecer una perspectiva única sobre la moda, el arte y la ritualidad barroca.
Campo de li Giochi: para apreciar plenamente la competición, es aconsejable procurarse asientos que permitan seguir con claridad el recorrido y las actuaciones de los caballeros.
Exploraciones colaterales: aprovechar la estancia para descubrir Foligno y la Umbría circundante, región rica en pueblos medievales, arte renacentista y paisajes naturales de extraordinaria belleza.
La Giostra della Quintana – La Rivincita se impone como un fenómeno cultural complejo, en el cual tradición caballeresca, identidad urbana y valorización turística se entrelazan de manera ejemplar. Testimonia la capacidad de las comunidades locales de transformar una antigua práctica lúdico-militar en una celebración colectiva que une rigor histórico y espectacularidad contemporánea. Para el visitante, la Quintana no constituye únicamente un evento para observar, sino una experiencia para vivir, capaz de transmitir emociones profundas y de abrir una ventana privilegiada sobre el diálogo entre pasado y presente.



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