Los siete reyes de Roma: mito, poder y construcción de la identidad política romana
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- 31 dic 2025
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Entre historia y tradición
La fase monárquica de la historia romana, tradicionalmente situada entre el 753 y el 509 a.C., representa uno de los núcleos fundacionales de la identidad política y cultural de la Roma antigua. Los llamados siete reyes de Roma, conocidos a través de la historiografía de época republicana y augústea —en particular Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso—, constituyen una secuencia narrativa en la que mito, memoria colectiva y realidad histórica se encuentran estrechamente entrelazados. Lejos de ser una simple crónica dinástica, el relato de la monarquía romana asume un valor paradigmático: a través de las figuras reales, Roma elabora una reflexión originaria sobre el poder, sus posibles degeneraciones y la necesidad de un equilibrio institucional.
Rómulo y la fundación violenta del orden político
Rómulo, primer rey y fundador de la ciudad, encarna el momento originario de la violencia creadora. La tradición lo presenta como hijo del dios Marte y de Rea Silvia, elemento que confiere al nacimiento de Roma un aura sagrada y guerrera. El asesinato de Remo y el rapto de las sabinas no son meros episodios legendarios, sino símbolos poderosos de la fusión forzada de grupos étnicos distintos y de la subordinación del individuo al orden colectivo. A Rómulo se le atribuye además la institución del Senado y de las curias, marcando el inicio de una estructura política embrionaria basada en la distinción entre autoridad regia y consejo aristocrático.
Numa Pompilio y la sacralización del poder
En claro contraste con su predecesor, Numa Pompilio representa el modelo del rey pacífico y legislador. De origen sabino, encarna la integración cultural y la centralidad de la religión como instrumento de cohesión social. La tradición le atribuye la organización de los cultos, la fundación de los colegios sacerdotales y la reforma del calendario. A través de Numa, Roma construye la idea de un poder legitimado no por la fuerza, sino por el respeto al orden divino, estableciendo un vínculo duradero entre religión y derecho público.
Tulio Hostilio y Anco Marcio: guerra y expansión
Con Tulio Hostilio, Roma retorna a una política abiertamente belicista. La destrucción de Alba Longa y el célebre duelo entre Horacios y Curiacios expresan una concepción agonística de la soberanía, en la que la guerra se convierte en instrumento de legitimación política. Sin embargo, la muerte de Tulio, castigada según el mito por la ira divina, sugiere los riesgos de un poder militar desvinculado del respeto religioso.
Anco Marcio, nieto de Numa, representa una síntesis más equilibrada. Junto a la guerra, promueve el desarrollo económico y de las infraestructuras, fundando Ostia y garantizando a Roma una salida estratégica al mar. Su reinado simboliza la transición de una comunidad guerrera a un centro urbano en expansión.
Los Tarquinos y la influencia etrusca
Con Tarquinio Prisco, primer rey de origen etrusco, Roma experimenta una fase de profunda transformación urbana y simbólica. Grandes obras públicas, como el Circo Máximo, y la introducción de los signos exteriores del poder real testimonian la influencia de la cultura etrusca en la definición de la realeza romana. El rey deja de ser únicamente un jefe militar o religioso para convertirse en promotor de una visión monumental de la ciudad.
Servio Tulio y el nacimiento de la ciudadanía
Servio Tulio ocupa una posición central en la tradición monárquica debido al carácter reformador de su reinado. A él se le atribuye el censo de los ciudadanos y la división de la población en clases censitarias, fundamento de una participación política graduada en función de la riqueza. Estas reformas anticipan elementos clave de la futura República, introduciendo un principio de organización estatal que supera la mera pertenencia gentilicia.
Tarquinio el Soberbio y el fin de la monarquía
El último rey, Tarquinio el Soberbio, es descrito por las fuentes como un tirano que gobierna sin el consentimiento del Senado ni del pueblo. El episodio de Lucrecia, violada por el hijo del rey, se convierte en el acontecimiento simbólico que justifica la expulsión de los Tarquinos y la abolición de la monarquía en el 509 a.C. La narración adquiere aquí un claro valor ideológico: la tiranía regia se opone a la libertas republicana.

Roma una memoria política fundacional
El relato de los siete reyes de Roma no debe leerse como una simple secuencia histórica, sino como una construcción narrativa mediante la cual los romanos reflexionaron sobre la naturaleza del poder. Cada soberano encarna un modelo político, positivo o negativo, contribuyendo a la definición de una identidad colectiva basada en el equilibrio entre autoridad, ley y consenso. En este sentido, la monarquía romana, aun en su dimensión mítica, constituye el laboratorio originario del pensamiento político romano.



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